En la constante lucha por producir alimentos de subsistencia en condiciones desfavorables en el altiplano y la disminución cada vez mayor de poder adquisitivo de la población rural catalogada por instancias internacionales como departamento de extrema pobreza, resulta necesario buscar y desarrollar nuevas fuentes de ingreso, con cultivos alternativos que se adapten a las condiciones climáticas adversas, como la baja precipitación anual, temperaturas menores causando heladas, periodos de secano.El cultivo de la canola responde a la exigencia puesto que soporta temperaturas hasta -15ºC, con precipitaciones pluviales de 300 a 400 mm anuales, y puede ser utilizada tanto para la industria oleaginosa (aceites, combustible) y como forraje para los animales.
La introducción del cultivo de la colza (variedad originaria de de canola) en el altiplano se remonta en los años setenta donde se realizaron investigaciones con especies como Brassica napus, B. campestris y otras, lográndose obtener rendimientos alentadores de 1.15 a 1.24 tm/Ha. El objetivo de los programas de ese entonces fue de obtener semillas para la industrialización de aceites vegetales y aprovechar los tallos como forraje para los animales, lográndose obtener producciones a niveles de extensión promedios 0.5 tm/ha de grano, la dificultad se presento como forraje por presentar altos niveles de ácido erúcico que ocasionaban serios problemas cardiacas en los animales, sin embargo concientes de esta problemática lograron obtener especies híbridas con bajo contenido de ácido erúcico y glucosinolato como variedades oro, span caedle entre otras.
Es por estas experiencias positivas se requiere en la actualidad retomar estas investigaciones y difundir para su producción extensiva el cultivo de la canola que ha dado muy buenos resultados en países con condiciones similares a la nuestra y puede ser aprovechado potencialmente como biocombustible, teniendo en cuenta que el altiplano peruano reúne las condiciones adecuadas para su establecimiento, desarrollo y producción.
Finalmente esperemos con expectativa que programas como sierra exportadora concreticen y puedan accionar con decisiones a largo plazo este cultivo y no quedarse simplemente en buenas intenciones.


